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El Zen bien temperado

El título japonés del presente volumen, Sokko-roku Kaien-fusetsu, puede traducirse de un modo aproximado como “Charlas introductorias a las conferencias sobre los anales de Sokko”. Se la considera una de las más importantes obras de Hakuin y, a pesar de su dificultad, una de las mejores introducciones a su enseñanza del Zen. Escrita en chino kambun –es decir, el chino tal como lo leen y escriben los japoneses– consiste en una serie de “charlas generales” o discursos (fusetsu) acerca del Zen, que Hakuin dio a sus discípulos al comenzar el gran encuentro que dirigió en su templo natal, Shoin-ji, en la primavera de 1740.

Los temas principales de la enseñanza Zen de Hakuin, que aparecen reiteradamente en sus escritos posteriores, se enuncian aquí por primera vez: la necesidad de incorporar las palabras o koans “venenosos” de los antiguos y trabajar en ellos, con determinación incansable y un espíritu de profunda investigación, hasta experimentar la “Gran Muerte”, o irrupción de la iluminación; la necesidad de profundizar y madurar la realización inicial a través de una práctica continuada más allá del kensho – el así llamado entrenamiento post-iluminación; la necesidad de producir alguna manifestación iluminada propia, para “perturbar a las futuras generaciones de estudiantes”; y, finalmente, agudas críticas a los maestros Zen del momento, a los que responsabilizaba de la decadencia de la escuela.

La mente de Dogen

El maestro Dogen Zenji es venerado en Japón como el fundador de la escuela Soto Zen, aunque en tiempos recientes su reputación de intelectual de avanzada ha superado ampliamente las fronteras sectarias. Mantenido durante siglos en la oscuridad, su Shobogenzo, una voluminosa colección de ensayos, comienza a seducir en nuestros días a una vasta audiencia, no solo de académicos sino de lectores entusiastas, dentro y fuera de los círculos del Zen. Esta obra, muy admirada por su artesanía lingüística y sutileza metafísica, es un clásico de tal nivel y magnitud que se han dedicado carreras enteras a su estudio y exégesis.

Thomas Cleary es un académico cuya reputación ha ido expandiéndose, en las últimas décadas, como representante de una nueva escuela de traductores que combina la más profunda erudición escolástica con un acercamiento a la práctica y a las intuiciones vivenciales del Zen. Estos ensayos escogidos del monumental Shobogenzo están precedidos de respectivas introducciones y acompañados por numerosas notas de inestimable valor para orientarse en el ambiente histórico y lingüístico de la época.

Los ojos de Dogen

El presente volumen reúne dos estudios dedicados a uno de los más destacados maestros del budismo de todos los tiempos y latitudes. Dogen Zenji (1200-1253) no solamente es el fundador del Zen en Japón, sino también el autor de una vastísima serie de ensayos filosóficos y religiosos, de los que se destaca su monumental Shobogenzo.

James Kodera y Thomas Cleary son académicos cuya reputación ha ido expandiéndose, en las últimas décadas, como representantes de una nueva escuela de traductores que combina la más profunda erudición escolástica con un acercamiento a la práctica y a las intuiciones vivenciales del Zen. Ambos textos están precedidos de sendas introducciones y acompañados por numerosas notas de inestimable valor para orientarse en el ambiente histórico y lingüístico de la época.

El muro sin puerta. Mumonkan (The Gateless barrier) Mumon Ekai

"Si te gustan los dulces y la vida confortable este libro no es para ti, ya que se refiere a aquellos hombres completamente dedicados a una búsqueda sin concesiones del satori, la iluminación. Eso puede sucederle a cualquiera –en un instante se produce una apertura deslumbrante, y uno se siente completamente nuevo. Con otros ojos se ve que el mundo es el mismo –y a la vez, es otro. Este poder renovador del universo no proviene de la lógica, sino que es una gracia. No importa demasiado dónde te encuentres o lo que estés haciendo; no tiene ningún sentido, y sin embargo, te hace ser tú. Los antiguos maestros chinos concibieron estos problemas o acertijos, llamados koans, para cancelar la embriaguez verbal y el vagabundeo mental de sus discípulos. Cuando ponían a uno de sus estudiantes a meditar sobre un koan, era otro modo de decirles: ‘No desperdicien la vida perdiéndose en las sensaciones; canalicen el pensar y el sentimiento hacia un propósito único, y luego dejen que suceda’. ¿Cuál es la respuesta correcta a un koan? Hay muchas respuestas correctas y a la vez no hay ninguna. Porque el koan en sí mismo es la respuesta, y en el momento en que se llegue a una ‘respuesta correcta’, el Zen ha muerto". Paul Reps

Mumon Ekai (en chino,Wumen Huikai, 1183-1260) fue un destacado monje budista durante la era Song. Nacido en Hangzhou, fue discípulo de Gong Heshang y de Yuelin Shiguan, de quien recibió la transmisión del Dharma dentro del linaje Linji (Rinzai). En muchos sentidos, fue el clásico maestro itinerante de Ch’an –vagando durante años de templo en templo, trabajando en los campos como laico, mal entrazado y barbudo. Mumonkan -compilación y comentario de cuarenta y ocho de los koans más famosos de la tradición- es, junto al Hekiganroku (TheBlue Cliff Record) la obra básica para el estudio y ponderación de los temas centrales del Zen, no sólo dentro de la escuela Rinzai, sino para todos aquellos interesados en una experiencia más profunda y certera de las aparentes paradojas que caracterizan al mundo real.

Zen a la intemperie. Las enseñanzas de Kodo Sawaki

Zen a la intemperie. Kosho Uchiyama

‘La gente me llama Kodo ‘Sin-techo’, pero no lo tomo como un insulto.

Me llaman así porque nunca he tenido un templo o una casa.

En realidad, todos estamos a la intemperie. Es un error pensar que uno tiene un hogar fijo…’

‘Una religión que carece de conexiones con los fundamentos de la vida es inútil. La práctica del budismo señala el camino para la completa realización del ideal más alto de la vida humana, aquí y ahora…’

‘La verdad del budismo se comprende a través de la práctica -se obtiene a través del cuerpo. El modo en que gobernamos los músculos y huesos de nuestro cuerpo debe ser una expresión del zazen.

Con el zazen como base, viendo que todo lo que encontramos es el yo, nuestra actitud hacia la vida se transforma. Esto es la práctica.

Es dentro de esta práctica que descubrimos la genuina paz mental.’

Sawaki roshi culminó una larga charla sobre zazen diciendo que no servía para nada. La gente creyó que bromeaba, pero no era así sin embargo. Tal como dijimos antes –lo que sea, cuando sea, donde sea: no hago más que vivir mi vida. Mientras mantenga esta actitud no tengo que ir a ningún lado, no hay ningún lugar adónde ir. Dado que no tengo que ir a ninguna parte, es natural decir que el zazen no sirve para nada. No se puede obtener nada del zazen porque ya está ‘colmado de universo’. (Uchiyama roshi)


El maestro zen Kôshô Uchiyama rôshi (1912-1998) fue uno de los principales discípulos de Kôdô Sawaki rôshi (1880-1965) al cual sucedió a la cabeza del templo de Antaiji. Uchiyama es célebre por sus ‘sesshin sin juguetes’, retiros en silencio absoluto, sin enseñanzas ni rituales, a razón de catorce horas de meditación cotidiana. 

La alborada del Zen

El Shobogenzo Zuimonki consiste en su mayor parte de breves charlas, exhortaciones y comentarios precautorios dictados por el maestro japonés Dogen (1200-1253), recopilados por su discípulo Ejo (1198-1280) y editados posteriormente por sus seguidores.

Dogen estudió en China durante varios años con el maestro de Soto Zen Ju-ching (1163-1228), y fue su enseñanza la que trajo al regresar, aunque no trató por sí mismo de establecer ninguna secta.

El Shobogenzo Zuimonki no da cuenta de la envergadura de la enseñanza de Dogen en su profundidad; no se ocupa de ninguna sutileza filosófica, y no obstante proporciona un panorama del tipo de budismo que Dogen intentaba propagar, así como de los requerimientos esenciales que consideraba imprescindibles para una conducción adecuada de la vida monástica. A menudo, sus indicaciones se dirigen hacia principiantes y seguidores laicos, y señalan a sus discípulos cuál es el ambiente emocional y físico necesario para que sus esfuerzos resulten fructíferos; describe los peligros del mundo de la transitoriedad y de la época degradada en la que se vive, urgiéndoles a que desarrollen la mente que busca la Vía, a abandonar todo compromiso con el mundo y practicar por el bien del budismo en sí mismo.

Las obras de Dogen requieren mayor estudio, pero este pequeño volumen continúa siendo una introducción no-sectaria y de primera mano a los requisitos previos al estudio del Zen desde la perspectiva de un gran maestro.


Dōgen Zenji (1200 –1253) fue un monje budista japonés fundador de la escuela Sōtō del Zen.

Nacido en Kioto en el seno de una familia noble, quedó huérfano a muy temprana edad, siendo adoptado por uno de sus tíos.

A los 13 años, entró como novicio en el Monte Hiei, centro de la escuela Tendaishū. En  primavera de 1223 partió hacia China, volviendo a Japón en 1227, tras haber sido reconocido por el maestro Ju-ching como heredero de su escuela. Tras su regreso, desarrolló su actividad en templos cercanos a Kioto, reuniendo a su alrededor una comunidad de seguidores de la nueva escuela del Budismo Zen.

En 1243, se trasladó con ellos a Echizen, en la actual prefectura de Fukui. En esta región, fundó el templo Eihei-ji que se mantiene hasta la actualidad como uno de los dos templos principales de la escuela Sōtō.

El Sutra de Hui Neng

El Sutra Expuesto por el Sexto Patriarca sobre la Alta Sede del Tesoro de la Ley, que contiene las prédicas y los dichos de Hui Neng, es el único texto chino contenido en el Tripitaka (el canon budista) que porta el título de Sutra, término reservado a los discursos del Buda y de los grandes bodhisattvas. Es el único sutra, por lo tanto, enunciado por un nativo de la China.
Su importancia es fundamental por dos aspectos: primero, porque constituye el origen del desarrollo específicamente chino de la escuela budista Dhyana, o sea, del budismo Ch’an o Zen; segundo, porque ningún maestro anterior a Hui Neng había hecho un llamado tan directo a las masas –hasta entonces, el estudio del budismo había estado circunscripto a las clases cultas, y cualquier discurso dado por los maestros se basaba en los textos ortodoxos.
La concepción del budismo contenido en este sutra, que fue llamada la ‘Escuela de la Iluminación Repentina’, está ilustrada por una serie de discursos y hechos de la vida de Hui Neng. En una sección biográfica, atribuida al mismo Hui Neng –aunque probablemente se trata de una elaboración posterior- se narra cómo un laico asignado a los trabajos más humildes del monasterio, analfabeto y carente de todo estudio, llegó a ser el Sexto Patriarca de China, recibiendo de manos del quinto Patriarca el manto y el cuenco de las limosnas que habían pertenecido a Bodhidharma, y que los patriarcas de China se pasaban de generación en generación como insignia y testimonio de autenticidad de la sucesión.
La riqueza de los episodios, la extraordinaria densidad y sencillez de la enseñanza han hecho del sutra de Hui Neng un hito para todo el budismo. Y tales cualidades lo tornan, sin lugar a dudas, de una importancia aún más grande para el mundo actual, sea desde el punto de vista teórico e histórico o como guía práctica, vital y extraordinariamente precisa, hacia el despertar de una conciencia real.

Hui Neng (638-713), el Sexto y último Patriarca del Budismo Zen, vivió durante la dinastía T’ang.  Se dice que había sido un leñador analfabeto del área de la frontera, que obtuvo la iluminación cuando era un hombre joven y desconocido, y que se vio obligado a huir de los envidiosos, desapareciendo durante años en las montañas. Hui-Neng resurgió en su madurez como el último de los Grandes Maestros del Zen, extendiendo su enseñanza a todas las clases sociales. Ha sido incalculable su influencia no sólo en el budismo chino sino para el desarrollo del Zen en Japón y Occidente.

La médula del Zen. Las enseñanzas de Bodhidharma presentadas por Red Pine. Parte 2 y final

Editado por Sennin Editores, 2013
Introducción


A pesar de la repentina popularidad del budismo en China, Bodhidharma encontró pocos discípulos. Además de Sheng-fu, que se fue al sur poco después de ser ordenado, los únicos otros discípulos mencionados son Tao-yu y Hui-k’o, los cuales habrían permanecido con Bodhidharma de cinco a seis años. El primero, según nos dicen, comprendió la Vía pero nunca enseñó; al segundo confirió Bodhidharma la túnica y el cuenco, símbolos de su linaje, y –según Tao-hsuan- una copia de la traducción de Gunabhadra del Lankavatara Sutra. No obstante, en los sermones cuya traducción aquí presentamos, Bodhidharma cita sobre todo los sutras Nirvana, Avatamsaka y Vimalakirti, sin hacer uso alguno de la característica terminología del Lankavatara; quizás, después de todo, la preferencia por el Lankavatara fuera de Hui-k’o mismo y no de Bodhidharma.
En la Transmisión de la Lámpara, Tao-yuan afirma que Bodhidharma, envenenado por un monje envidioso, murió el quinto día del décimo mes de 528, poco después de haber transferido el patriarcado de su linaje a Hui-k’o. En la biografía compilada por Tao-hsuan, que es bastante anterior, consta solamente que falleció en las orillas del río Lo, sin mención de fecha o causa del deceso. Según Tao-yuan, sus restos fueron sepultados en las afueras de Loyang, en el templo Tinglin, en el monte Oreja de Oso; y agrega que, tres años después, un oficial que viajaba por las montañas del Asia central se cruzó con Bodhidharma, portando un báculo del cual colgaba una sandalia sola, quien le manifestó que se volvía a la India. Los ecos de este incidente despertaron la curiosidad de otros monjes, que finalmente coincidieron en abrir el sepulcro de Bodhidharma; todo lo que encontraron en él fue una sandalia. Desde entonces, cada grabado o pintura lo representa con el cayado del cual pende el calzado faltante.
El asesinato del emperador Hsiao-wu (en 534) acarreó la división del imperio Wei en dos dinastías, occidental y oriental; la capital de Loyang fue arrasada. Muchos de los monjes que allí vivían se mudaron a Yeh, la capital del imperio Wei del este, dado que allí primaba la poderosa familia Kao, renombrada por su patronazgo del budismo. Allí Hui-k’o eventualmente se encontró con T’an-lin, que había trabajado -en Loyang y luego en Yeh- escribiendo prefacios y comentarios para las nuevas traducciones de los sutras budistas. Al conocer a Hui-k’o se interesó en el acercamiento de Bodhidharma al budismo, agregando una breve introducción al Bosquejo de la práctica. En ese prólogo dice que Bodhidharma provenía de la India meridional, y que a su llegada a la China halló solamente dos discípulos meritorios, Hui-k’o y Tao-yu. También indica que Bodhidharma enseñó la meditación mural y las cuatro prácticas que se describen en el Bosquejo.
Si esto es todo lo que sabemos acerca de Bodhidharma, ¿por qué resulta ser el más famoso entre los millones de monjes que han estudiado y enseñado el Dharma en China? La razón es que es el único al que se atribuye la transmisión del zen en estas regiones. Desde ya que el zen, en cuanto meditación, había sido enseñado y practicado durante varios siglos antes de su llegada; y mucho de lo que tenía para decir en términos doctrinales había sido dicho antes –por ejemplo, por Tao-sheng, un siglo atrás. Pero el acercamiento de Bodhidharma al zen es único; como él dice en estos sermones: “Ver tu naturaleza es zen… No pensar en nada es zen… Todo lo que haces es zen”. Mientras que otros consideraban el zen como la purificación de la mente o una etapa en el camino a la budidad, para Bodhidharma el zen es la budidad, y la budidad es la mente, la mente ordinaria. En lugar de exigir a sus discípulos que purificasen su mente, les señalaba una pared rocosa, el movimiento de los tigres y las grullas, una caña hueca flotando a través del Yangtsé, una sandalia impar. El zen de Bodhidharma era Mahayana, no Hinayana –la espada de la sabiduría, no el cojín de meditación. Como lo hicieron otros maestros, es indudable que instruyó a sus alumnos en la disciplina, meditación y doctrina budistas; pero usó la espada que Prajnatara le había dado para liberar sus mentes de regulaciones, trances y escrituras. Sin embargo, tal espada es difícil de empuñar y más difícil de esgrimir; por eso no debe sorprendernos que Hui-k’o, el único heredero, fuera manco.


Esta comprensión radical del zen no se originó, sin embargo, con Bodhidharma o con Prajnatara. Se dice que un día Brahma, el señor de la creación, regaló una flor al Buda y le pidió que predicara el Dharma. Cuando el Buda levantó la flor y la sostuvo entre sus dedos, los discípulos quedaron confundidos -salvo Kashyapa, que sonrió. Así comenzó el zen; y así es como se transmitió: con una flor, con un muro de piedra, con un grito. Esta perspectiva, una vez que se hizo conocida a través de Bodhidharma y sus seguidores, revolucionó la comprensión y la práctica del budismo en la China.
Los libros no son lo más apropiado para transmitir un acercamiento de esta clase. No obstante, en sus Vidas monásticas ejemplares, Tao-hsuan afirma que las enseñanzas de Bodhidharma fueron puestas por escrito. La mayor parte de los académicos coinciden en que el Bosquejo de la práctica es uno de esos textos, pero la opinión está dividida respecto de los otros sermones que aquí presentamos. Los tres han sido largamente atribuidos a Bodhidharma, aunque en años recientes varios especialistas han sugerido que son el fruto de la labor de sucesivos discípulos. Yanagida, por ejemplo, atribuye el Sermón Torrente Sanguíneo a un miembro de la escuela zen Cabeza-de-Buey, que floreció en los siglos VII y VIII; considera que el Sermón Despertar es una obra de la escuela zen del Norte, de la octava centuria, y que el Sermón Descubrimiento pertenece a Shen-hsiu, patriarca del siglo séptimo de la misma escuela.

 Es lamentable que no exista una evidencia concluyente respecto a la autoría de estos escritos, tradicionalmente atribuidos a Bodhidharma. Hasta el siglo veinte, las más tempranas copias conocidas de estos sermones eran versiones del siglo XIV de los originales de la dinastía T’ang (618-907), reunidos en la colección del museo Kanazawa Bunko de Japón. Empero, con el descubrimiento a comienzos del siglo de miles de manuscritos budistas de dicha dinastía en las cuevas de Tunhuang, contamos en la actualidad con copias de los siglos VII y VIII. Resulta evidente que estos discursos fueron compilados en fecha muy temprana por monjes que consideraban a Bodhidharma como su antecesor. Si no fue Hui-k’o o alguno de sus discípulos, tal vez lo hizo T’an-lin. De todas maneras, a falta de una evidencia convincente en contra, no veo razón para que no los aceptemos como sermones del hombre al que han sido atribuidos durante más de mil doscientos años.

Los discípulos de Bodhidharma fueron pocos, y la tradición Zen que traza su linaje a partir de él no comenzó a florecer hasta unos doscientos años después de su muerte. Dada la espontaneidad y el desapego que caracterizan su acercamiento al zen, es comprensible que estos discursos fueran opacados eventualmente por aquellos emanados de los maestros zen nativos: en comparación con ellos, los sermones de Bodhidharma resultan un tanto ajeno y despojado. Yo mismo los encontré por accidente, en una edición del texto de Huang-po, Fundamentos para la Transmisión de la Mente –eso fue hace ya una docena de años. Desde entonces, me he aficionado a este zen descarnado, y a menudo me pregunté por qué no han llegado a ser objeto de una mayor difusión. Sea como sea, aquí están otra vez. Antes de que vuelvan a fundirse en el polvo de una alguna cripta o biblioteca ruinosa, léelos una o dos veces. Y busca aquello que Bodhidharma trajo a China: busca la impronta de la mente.

Red Pine
Lago de Bambú, Taiwán
Invierno, Año del Tigre

La médula del Zen. Las enseñanzas de Bodhidharma presentadas por Red Pine.

Editado por Sennin Editores, 2013
Introducción

El budismo llegó a China hace unos dos mil años. Consta en los registros que había una comunidad de monjes budistas ya en el año 65, viviendo bajo auspicio real al norte de la provincia de Kiangsu, no lejos del lugar donde naciera Confucio; los primeros monjes habrían arribado, probablemente, un siglo antes. Desde entonces, miles y miles de monjes viajaron a China por tierra y por mar, provenientes de la India y del Asia Central; entre todos los que traían las enseñanzas del Buda, sin embargo, ninguno tuvo un impacto comparable al que ejerció Bodhidharma.
Conocido en vida sólo por unos pocos discípulos, Bodhidharma es, sin embargo, el patriarca de millones de budistas Zen y seguidores del kung-fu, así como la figura central de innumerables leyendas. Además del zen y el kung-fu, se le atribuye la introducción en la China del té –para impedir la somnolencia durante la meditación, se cortó los párpados; al caer estos a tierra, brotaron arbustos de té. Desde entonces, el té se ha convertido no sólo en la bebida favorita de los monjes, sino de todo el mundo en el Oriente. Fieles a la tradición, los pintores invariablemente han representado a Bodhidharma con ojos protuberantes y desprovistos de párpados.
Como sucede a menudo con las leyendas, se ha vuelto imposible separar los hechos de la ficción. Las fechas de su biografía son inciertas –de hecho, conozco al menos un académico budista que ha llegado a poner en duda su misma existencia. No obstante, a riesgo de escribir acerca de un hombre que jamás existió, intentaré bosquejar una reseña plausible de su vida -basada en los registros más tempranos y en algunas conjeturas de mi cosecha- que funcione como marco de referencia para los sermones que se le atribuyen.

Bodhidharma nació hacia el año 440 en Kanchi, capital del reino de Pallava, en la India del sur; brahmán de nacimiento y tercer hijo del rey Simhavarman, se convirtió al budismo de joven y recibió posteriormente instrucción dhármica de Prajnatara, al que su padre había hecho traer desde la antigua comarca budista de Magadha. El mismo Prajnatara lo instó a viajar a China. Debido a que la ruta habitual por tierra estaba bloqueada por los Hunos, y al hecho de que Pallava mantenía vínculos comerciales a todo lo largo del sudeste asiático, Bodhidharma se embarcó en el vecino puerto de Mahaballipuram. Luego de bordear la costa india y la península de Malasia durante tres años, llegó finalmente al sur de China alrededor de 475.
En esa época el país estaba repartido entre dos dinastías, Wei al norte y Liu Sung en el sur. Esta división se había iniciado a comienzos del siglo tercero y continuó hasta fines de la sexta centuria, cuando la dinastía Sui logró la reunificación política. Fue durante ese período de luchas intestinas en que el budismo hindú llegó a convertirse en budismo chino; los norteños, con una mente más militarista, pusieron el énfasis en la magia y en la meditación, mientras que los sureños –más intelectuales- preferían la discusión filosófica y la captación intuitiva de los principios.

Bodhidharma on Elephant Yiran Inscription by Yinyuan color on silk hanging scroll. Período Edo

Cuando Bodhidharma llegó a China hacia fines del siglo quinto existían en el sur alrededor de dos mil templos budistas y unos treinta y seis mil clérigos. Un censo realizado en el norte en 477 registra seis mil quinientos templos y alrededor de ochenta mil religiosos. Menos de cincuenta años después, otro censo realizado en el norte eleva estas cifras a treinta mil templos y dos millones de fieles -lo que equivale a un cinco por ciento de la población total de la época. Es obvio que estos números incluirían a muchas personas que deseaban evadir impuestos o evitar la conscripción militar, o que buscaban la protección de la Iglesia por otras razones no religiosas; no obstante, es evidente que el budismo se estaba extendiendo entre las masas al norte del río Yangtsé. En el sur permaneció circunscripto sobre todo a una elite educada hasta bien entrado el siglo sexto.
Luego de su arribo al puerto de Nanhai, Bodhidharma visitó probablemente algunos centros budistas de la región sur y comenzó a familiarizarse con el idioma, si no lo había ya hecho durante el largo viaje desde India. 
De acuerdo a la Transmisión de la Lámpara, completada por Tao-yuan en 1002, la llegada de Bodhidharma al sur de China se ubica tardíamente hacia 520, cuando fue invitado a la capital de Chienkang para una audiencia con el emperador Wu de la dinastía Liang, sucesora de Liu Sung. Durante el encuentro, el gobernante habría indagado al extranjero respecto al mérito de la realización de obras religiosas, a lo que Bodhidharma respondió con la doctrina del vacío. El emperador no comprendió, y el monje se marchó. Sin embargo, los registros más antiguos no mencionan tal encuentro.
De todos modos, Bodhidharma cruzó el Yangtsé –de acuerdo a la leyenda, sobre una caña de bambú- y se afincó en el norte, al principio en las cercanías de Pingcheng, capital del imperio Wei. En 494 el emperador Hsiao-wen trasladó su capital al sur hasta Loyang, en la ribera norte del río Lo, y la mayoría de los monjes que vivían en el área de Pingcheng lo siguieron; Bodhidharma probablemente se contara entre ellos. En la obra de Tao-hsuan, Vidas monásticas ejemplares –cuyo primer esbozo fue redactado en 645- consta que confirió las órdenes a un monje llamado Sheng-fu. Dado que la ordenación requiere normalmente un período de aprendizaje no menor a los tres años, Bodhidharma debe haber estado en China del norte hacia el año 490, ya con un aceptable manejo de la lengua.

Representación japonesa de Bodhidharma,
por Yoshitoshi,
 1887.
Algunos años después –en 496- el emperador mandó construir el templo Shaolin en el monte Sung, en la provincia de Honan, al sudeste de Loyang. El templo, que aún existe (aunque principalmente como atracción turística), no fue construido para Bodhidharma, sino para otro maestro de meditación proveniente de la India. Sin embargo, aunque innumerables maestros zen han pasado por el templo en los últimos mil quinientos años, Bodhidharma es el único al que todo el mundo –con excepción de algún historiador budista- asociaría con Shaolin. Es acá –en el pico Shaoshih, en la vertiente occidental del monte Sung- donde se dice que Bodhidharma pasó nueve años en meditación, frente a la pared rocosa de una caverna, a un par de kilómetros del templo. Con el tiempo, Shaolin se volvió el más famoso centro de entrenamiento para los monjes en kung-fu, arte cuyos fundamentos se atribuyen asimismo a Bodhidharma. Dado que provenía de la India, no hay duda de que habrá instruido a sus discípulos en alguna práctica de yoga, aunque ninguno de los primeros testimonios lo mencionan enseñando ejercicios ni artes marciales.
Hacia el año 500, Loyang era una de las ciudades más grandes del planeta, con una población que excedía el medio millón de habitantes. El emperador Hsuan-wu murió en 516, y su viuda, la emperadora Ling, asumió el control político; uno de sus primeros actos de gobierno fue mandar levantar el templo Yung-ning. La construcción del edificio, con su pagoda que excedía los ciento veinte metros de altura, estuvo a punto de agotar los recursos del tesoro imperial. De acuerdo al registro de los templos de Loyang, compilado en 547 por Yang Hsuan-chih, las campanas doradas que colgaban de los aleros de la pagoda se oían a una distancia de cinco kilómetros, y la aguja del templo era visible a más de cincuenta. El reporte de Yang incluye los comentarios hechos por un monje occidental llamado Bodhidharma, que califican al templo como el edificio más imponente que jamás hubiera visto. Dado que el templo recién fue levantado en 516, y se consumió en el incendio del 534, Bodhidharma debe haber estado en la capital hacia el 520. Las crónicas tempranas lo muestran yendo y viniendo, según las estaciones, en la zona de Loyang; sin embargo, en la capital debe haber residido en el templo Yung-ming –que no debe ser confundido con el anteriormente citado. Yung-ming había sido construido por el emperador Hsuan-wu a comienzos del siglo VI, como residencia para los monjes extranjeros, y llegó a albergar a más de tres mil religiosos que provenían de comarcas tan lejanas como Siria –esto fue durante su período de auge, antes de que la capital fuera evacuada durante el colapso de la dinastía Wei, en 534.

Red Pine
Lago de Bambú, Taiwán
Invierno, Año del Tigre